“El consumidor vive sus conductas distintivas como libertad, como aspiración, como elección y no como imposiciones de diferenciación ni como obediencia a un código (…) no vive la presión estructural que hace que las posiciones se intercambien y el orden de las diferencias se perpetúe.”
“La ONU es un club, efectivamente aristocrático (el derecho de veto lo demuestra) y su carácter democrático es mera propaganda (no puede valer lo mismo un voto de un estado de 1.300 millones de ciudadanos que el de otro Estado de 20.000 ciudadanos). La autoridad moral de la ONU es una ficción diplomática y un postulado de los profesores de Derecho Internacional, algo así como lo era el flogisto para los químicos del siglo XVIII.”