«¿Has visto alguna vez un perro cogiendo al vuelo con la boca abierta un trozo de pan o de carne que le echa su amo? Nada más alcanzado lo traga todo de una vez, entero, y espera con la boca abierta que se le eche más. Así nos sucede: todo lo que la fortuna lanzó a nuestra impaciencia, lo engullimos de una vez, sin ningún placer, siempre con la boca abierta y atentos a que se nos eche un nuevo pedazo.»